Visita al Instituto Alfredo Vásquez Acevedo

“Los Jóvenes del Uruguay, Esos Desconocidos”. Un título que me atrajo la mirada, entre tantos que se pueden encontrar en la biblioteca del Liceo. ¿Y por qué me ha atraído?, me pregunto. A ver. Allá fuimos recibidos  y guiados por un grupo de estudiantes. Pronto llegamos, me hirió la bala que mató a Liber Arce, joven recordado en un monumento en el patio de la escuela. En los años de la dictadura, el Liceo atraía jóvenes con ganas de justícia y libertad. Eran obligados a compartir el espacio con militares y otros enemigos disfrazados e infiltrados. Es un lugar marcado por el coraje y dignidad de los que no pudieron  conformarse con la idea de una sociedad en que unos hombres sacan de otros hombres sus posibilidades de desarrollo, su derecho a la libre expresión de sus pensamientos y poder de decisión sobre su camino. La História es de todos y a todos cabrá escribirla, por supuesto.  Me emocionó el habla de la profesora de química, cuando demostró su alegria no solo por el laboratorio bien equipado, sino por el hecho de que el Liceo mantiene su vocación para reunir los mejores. Jóvenes con fuerza  y voluntad de seguir cambiando lo que sea necesario hacia el futuro donde quizás podamos disfrutar de días más suaves.

También me ha llamado la atención un cartel donde se leía: “Por una vida sin violencia”. A mí me parece que ahí se encuentra el verdadero sentido de la educación. ¿Y de qué manera lograr una vida sin violencia? ¿Jurando a la bandera? Los jóvenes que nos guiaban creen en otras acciones y no eluden reivindicarlas. Con el soporte del grémio, espacio raro en las escuelas acá, luchan por una inversión más siginificativa para la educación, por el ingresso libre a la universidad, por ejemplo. Se acordaron de su empeño y de la victória de la sociedad uruguaya sobre la mala idea de bajar la imputabilidad. “Ser joven no es delito”, repitieron sonriendo.

Mientras caminábamos por los largos pasillos del Liceo y los chicos anfitriones seguían hablando de su salón de música, de su observatorio astronómico, de las visitas de los grandes escritores y exalumnos emocionados por compartir su historia, yo pensaba que la riqueza de aquél encuentro, en realidad va más lejos que conocer el monumento histórico bautizado con el nombre de Alfredo Vásques Acevedo, homenagen al jurista y político uruguayo, cuya actuación fue de gran importancia para el desarrollo de la educación en este país. Va más lejos que disfrutar de su estupenda arquitectura, de responsabilidad de Alfredo Jones Brow. También por todo eso, claro, pero lo que más me sorprendió fue poder mirar en el espejo. No en un espejo donde veo exclusivamente mi rostro, pero un espejo donde puedo reconocer mi rostro entre tantos rostros, de tantas generaciones de jóvenes. Y deseé que aquellos chicos amables que nos recibiron puedan avanzar más que nosotros. Mucho más. Y que lo hagan con alegria. Por un rato el hecho de que pudieran ser mis hijos me hizo acordar de Vinícius de Moraes, poeta, compositor y diplomático brasileño, cuando aceptó la invitación de unos estudiantes de ingeniería para que platicase con ellos sobre cualquier tema que eligiese el poeta. Vinícius fue, pero no sabía bien lo que hacía allá. Cuando ya estaba borracho por el efecto del whísky que le ofrecieron, intentaba adivinar, mirando aquellos chicos, cuál de ellos traecionaria primero el ángel de su propria juventud. Después, aún más borracho, borracho y lindo, Vinícius emocionado creía que por todo el amor que era capaz de sentir por los ingenieros aspirantes, niguno de ellos sería jamás un loco, un asesino, un traidor. Porque su amor, decía el poeta, les protegería de todos los males de vivir.

El amor de Vinícius y de otros muchos de igual valor, también a mí me ha protegido. A mí y a todos los que ví reflejados en los rostros de Luciano, Tatiana y sus amigos. Cerca de volver a mi país, me despedí de ellos con el mismo sentimiento con que ahora me despido de Montevideo. Gratitud. Vinícius me perdonará por el abuso de su poesia: “Ai, vontade de ficar, mas tendo de ir embora…”.

Deseo profundamente que los jóvenes uruguayos, brasileños y de toda Latinoamérica, sigan fuertes y felices en la defensa de su dignidade. Es todo.

Ceronha

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