El acento montevideano desaparece y el lugar se convierte en una isla del interior en la capital en la puerta del boliche Cimarrón todos los miércoles por la noche. Abundan las camisas y blusas por dentro, el vaquero deja lugar a los pantalones claros, los championes a los zapatos y la pollera y el vestido al pantalón. En la música también hay una gran diferencia. En los boliches típicos de la capital pasan cumbia villera, reggaetón y electrónica, los lugares dirigidos a jóvenes del interior como Cimarrón también retumban de cumbia; pero allí la cumbia del interior, en esa variedad más romántica que en el norte del país, es furor. En Cimarrón un miércoles por la noche, Montevideo desaparece entre el paso del dos-uno (paso de baile típico de este lugar) y los buzos típicamente atados a la cintura, entre las guitarras acústicas, el mate y los cigarrillos armados.

Este no es el único boliche que sigue ese camino. Los establecimientos clásicos de la ciudad tienen poco que ver: hay dos noches simultáneas en la capital. Pero, ¿por qué?

Cimarrón fue el establecimiento que inauguró esta tendencia. Ubicado en Luis Alberto de Herrera y Liber Arce, frente a la Facultad de Veterinaria, empezó hace nueve años como una suerte de cantina de la facultad. Pero según cuentan sus dueños Ignacio Cambre y su mujer Noelia (ambos oriundos de Treinta y Tres), el cambio se dio en forma natural. Poco a poco la concurrencia fue aumentando –Noelia recuerda que se quedaban sin vasos y los estudiantes llevaban los suyos desde sus casas– y desplazándose hacia la noche. “Abrimos ese mercado sin querer descubrirlo”, dice.

El matrimonio afirma que “la gente del interior venía buscando un boliche así, en donde mostrar la idiosincrasia con orgullo”. Parte esencial de esto es el folclore, la boina, la bombacha y tomar mate en el boliche. Al abrir ese lugar amigable para el flujo estudiantil desde el interior del país, los Cambre crearon algo nuevo e instalaron en el inconsciente capitalino un concepto que se fue extendiendo como pólvora: el boliche “agro”.

Universidades nocturnas

Antes que Cimarrón, existió Al Norte, un establecimiento que está en las calles Soriano y Ejido que también es “rural”: sus creadores son de Rivera, y lo llamaron así por la ubicación del departamento al norte del país. Pero en realidad, como cuenta Rodrigo Fernández, uno de sus encargados, más que un boliche dirigido a gente del interior, Al Norte siempre buscó posicionarse como un “baile” para estudiantes, una “universidad nocturna”. Por eso, la consigna era mantener el precio barato. “Pero el del interior es el que de repente llega a fin de mes ‘pelado’ y come menos para poder salir”, explica Rodrigo. Como él, sus amigos y su hermano (el otro creador) son del interior, el perfil se fue armando.

La diferencia con Cimarrón es que el posicionamiento no era explícito. Al Norte se fundó hace 11 años y Rodrigo recuerda a la Montevideo de aquel entonces muy cambiada –“O muy terraja o muy elitista”, en sus palabras– y carente de una propuesta intermedia. “Con mi hermano nos planteamos que tenía que haber gente como nosotros”, cuenta, y el público los respaldó al igual que a Cimarrón. “Había muchos más de lo que nosotros creíamos”.
Otro establecimiento en la misma línea es el Viejo Barreiro, fundado en 2008 por tres socios, dos de ellos del interior. Mariano, uno de estos socios fundadores, explica que desde el principio quisieron hacerlo como si estuvieran en sus lugares de origen. El objetivo era darle un lugar a los estudiantes que entraban a Montevideo y se sentían perdidos, un sitio en que sentirse como en su casa. “El boliche tiene un público en el que se conocen todos, integran a los nuevos que llegan a la capital y se van sintiendo parte”, afirma Mariano.

Salto a la masividad

Cuando los dueños del boliche capitalino por excelencia, El Club, buscaron rellenar el hueco que les quedaba los viernes (abren jueves y sábados), la solución llegó gracias a otro nativo del interior. Alejandro –uno de los dueños del local ubicado en la rambla Wilson y Sarmiento– propuso dirigir ese día el local a la gente proveniente de fuera de Montevideo, en parte porque lo encontraba un nicho poco explotado, y también porque él, oriundo de Rocha, lo tenía como una aspiración personal.

El objetivo que se marcó era “agarrar el concepto de Cimarrón y llevarlo a la masividad”, explica Alejandro. “Se intentó hacer algo que creíamos que no existía, un producto masivo para gente del interior”. El nombre que eligieron habla por sí solo: El Rancho. El proyecto ha sido exitoso; el empresario asegura que desde que se instaló en 2010, la demanda de público por el establecimiento ha aumentado cada año 150%, y ello con el mantenimiento de un nivel de público de clase media-alta. Según Rodrigo Fernández, El Rancho es el boliche que lleva más gente en la ciudad.

 

English Version: 

The montevidean accent disappears and the place becomes a space for people inside the country in the capital in the bar-disco Cimarron every Wednesday night. Shirts and blouses are use inside the pants, the vaqueros aren´t use but they change it to clear pants, sport shoes are change for good shoes, for women the skirts and the dresses are change to trousers. About the music there is also a big difference. In the typical bars of montevideo they listen to cumbia villera, reggaeton and electronic, and in Cimarron they also listen to cumbia; but there the cumbia is most romantic variety something that they love. On wednesday night at Cimarrons bar, Montevideo disappears between the one two dancing step (typical of this place) between acoustic guitars, mate and armed cigarettes.

 

 

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