¿Hay que saber muchos idiomas para ser profesor de español? 

Cuando una persona desconocida nos pregunta a qué nos dedicamos, obviamente respondemos algo como “soy profesor de español para extranjeros” o “enseño español como segunda lengua a extranjeros”.

La primera reacción, casi siempre es un poco de sorpresa y algo de intriga. Inmediatamente, se nos pregunta:” Ah, pero entonces vos hablas muchos idiomas, no?” A lo que respondemos: “no muchos, algunos, pero en realidad tratamos de no usarlos”

Entonces la perplejidad de nuestro interlocutor aumenta. “¿Cómo es eso?” Entonces debemos empezar una explicación que va desde lo epistemológico, metalingüístico pasando por lo experimental en clase.

En fin; la pregunta es: ¿hay que manejar diferentes idiomas para enseñar español? Es una pregunta que se puede abordar desde diferentes ángulos.

“Técnicamente”, no sería necesario dominar ni un solo idioma (sì español, obvio) para enseñar nuestra lengua, ya que nuestro método de “inmersión” intenta que el estudiante desde el principio haga las conexiones necesarias para entender y expresarse.

Es claro que lograr esto depende mucho de las habilidades del profesor/actor y de otros recursos con que cuente. Pero también se sabe que en este mundo no todo es blanco o negro; todo lo contrario; gracias a Dios el mundo nos brinda una enorme variedad no sólo de grises sino también de azules, fucsias, etc.

En fin; si el profesor domina idiomas extranjeros, nadie puede negar que es de una gran ayuda. Hay estudiantes que se sienten más cómodos cuando pueden “confirmar” mediante una lengua puente si están avanzando, o si pueden recibir una explicación compleja en su propio idioma. Hay estudiantes principiantes que pueden sentirse muy desorientados o descolocados si nadie le dice ni una sola palabra en su propio idioma. En estos casos,  evidentemente es mejor establecer un “lazo” en su idioma (o en otro que profesor y estudiante dominen).

Pero ojo; esto también puede tener desventajas para ambas partes. El “abuso” de este recurso puede inducir al estudiante a “descansarse” en su lengua materna excesivamente, o también el profesor puede caer en el vicio de traducir innecesariamente, siendo esto contraproducente para el estudiante.

En definitiva: el conocimiento de lenguas extranjeras por parte de los profesores es positivo aunque no excluyente; siempre y cuando se use de manera moderada y apropiada.

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